Aquel buscaba un hombro sin hallarlo
con clavícula fuerte que pudiera
mantener
soportada una cabeza
sin disolverse en la acidez del llanto.
Un hombro, simplemente un hombro
presente en el espacio y en el tiempo,
perfectamente estructurado…
con músculos tensados y sin dueño.
Confesor
sin oídos, sin memoria
de escápula gigante y ligamentos,
un hombro que parezca ser un hombro
en la biónica magia de los sueños.
Separado del tronco, independiente
muy bien articulado, con sus huesos
un hombro que esté allí , firme , presente
soportando
las cargas del infierno.
Un hombro que no mire y que no juzgue
que consuele sin dar ningún consuelo
que se asome a la física del mundo
sin tener ataduras con el cuerpo.
Generosa Valdez

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