Me rondan las historias
que se derraman en lágrimas;
la del niño matemático
que siempre trabajó
y ya no tuvo tiempo
para dibujar los números.
La del viejo demente
que cantaba verdades
y se explotó gritando
en la soledad de un cuarto
con sus amigos roedores.
La de la niña
que creció
soñando con un par de zapatos
para recorrer con ellos
las calles de
la hostilidad
antes de que una bala
la derrumbara en sangre.
La del hombre del andén
agachado por los años
que vivió dignamente sus miserias
hasta dejar aquel lugar vacío.
La del joven
que quería
romper las cadenas del vicio
sin voluntad
y amor suficiente
para escapar de la roja violencia.
La de la mujer deshonrada,
la del campesino maltratado,
la de los
amigos muertos.
Me rondan las historias
que se derraman en lágrimas
pero ninguna de ellas
asoma a mis ojos
porque el corazón
es una estatua de dolor
que no sabe llorar.
Generosa Valdez.

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