sábado, 9 de abril de 2016

EL GALGO



Con aspecto cansado
espontáneo y alegre
entró en aquella tienda
aquél humilde ser;
sus ojos de trasnocho
bailaban sin descanso
cansado pero ansioso  
pidió algo de comer.
Atrás movía la cola
un perrito mundano,  
oliendo la ternura
se situó junto a él;
la capa que escurría
descansó en una silla
caía lluvia cantando
en ese amanecer.
Los trocitos de harina
para calmar el hambre
del corazón  piadoso
se dejaban caer;
el galgo agradecido
movió su inquieta cola
aquél hombre de pueblo
solo bebió un café.
¿pobre perro o pobre hombre?
 ¡pobre perro!

Generosa Valdez.

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