El cuerpo
del infante sin un nombre
descansa
entre las ruinas de la guerra
Ya no llora,
no siente, ya no besa….
Damasco está
de luto con sus templos
despidiendo su
negra cabellera.
Muy lejos… los
infames asesinos,
en el nombre
de Dios solo blasfeman,
mientras un
pueblo marcha sin destino
y siguen
desfilando las tanquetas.
Se escapan
desde el aire los misiles,
se escucha
el gran sonar de las sirenas,
el
holocausto ha sido consentido
para borrar a Siria de esta tierra.
Con refinado
toque de sadismo,
como acosa a
su presa una gran fiera,
caminan caminantes
al suplicio
las cámaras
de gas son las fronteras.
Hipócritas
se sientan en la ONU
limpiándose la
sangre con banderas,
en el
silencio cómplice del mundo
el Éufrates
y el Tigris se lamentan .
Generosa Valdez.

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