Cobijas que te oprimen las costillas
con pesadas pelusas condensadas,
que se dejan caer y que te asfixian.
Ideas cotidianas congeladas
que no saben pensar si se resfrían,
y yacen en la cama tristes, yertas,
bebiendo una poción caliente o tibia.
Ropajes que protegen del ambiente
ese cansado cuerpo amurallado,
un frío en el tejido de los huesos
que entumece de noche pies y manos.
Fractura en el espíritu rebelde
con el gélido viento atormentado,
que quiere abandonar nieves perpetuas
liberando su piel en día soleado.
No hay fuego en lo profundo del infierno
sino almas agobiadas que tiritan,
que sueñan alcanzar la luz del cielo
deshaciendo en calor su corta vida.
No hay fuego en lo profundo del infierno
sino angustias que el aire cristaliza,
con bronquios que se oprimen y defienden
cuando el paso te acerca hacia la cima.
Generosa Valdez

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