Otra vez se asoma el pasado
exigiendo las cuentas
con los mismos insomnios.
Otra vez se enreda la
madeja
y las sombras reclaman
con sus bocas sin
lengua.
¡Oh Dios! yo te suplico
que me enseñes la senda
y apagues esta furia
que se prende en mis venas.
Acudo suplicante
Divina Providencia,
desenfunda tu espada,
bendíceme en la guerra,
pero no me tortures
escondiendo respuestas.
Descifra aquel misterio
que a diario me desvela,
aunque mis ojos borren
las cansadas ojeras.
Generosa Valdez.

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