Cuan tímido y ausente aquel infante…
en su boca explotaban las palabras
antes de que las ondas rebotaran
mudas en las orejas del espanto.
Se encontraba tan solo en su mutismo,
que los ojos ardientes se golpeaban
con las letras tendidas como abrigo.
Así pasó la vida confundiendo
en sus formas, lo real, con lo ficticio
elevado en el alma sin la carne
temiendo aterrizar en un abismo.
Las canas han blanqueado su melena
derrumbando sus huesos y caninos,
pero sigue el infante desdentado,
meciéndose en
su mágico realismo.
Generosa Valdez

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