sábado, 19 de julio de 2014

LA BENDICIÓN



Amarrado a su madre se formaba
completando  genética función;
estaba protegido en su refugio
mojándose en el caldo de nutrientes, 
bebiéndose la vida en un cordón.
 Afuera los murmullos de la carne
agitaban con ondas tal sosiego,
el corazón herido era pequeño
latía defectuosa la emoción;   
remolinos chupaban al naciente   
y en la lucha librada en aquel vientre,     
epitelial aislante se templaba
encogiéndose luego en el dolor.
No tuvo la fortuna del abrazo,
dejaron el regazo abandonado
hoy entierran al niño que sufrió.  
La leche está secándose en los pechos
y las manos que nunca lo tuvieron,
lo despiden con una  bendición.

Generosa Valdez 

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