Amarrado
a su madre se formaba
completando genética función;
estaba
protegido en su refugio
mojándose
en el caldo de nutrientes,
bebiéndose
la vida en un cordón.
Afuera los
murmullos de la carne
agitaban
con ondas tal sosiego,
el
corazón herido era pequeño
latía defectuosa
la emoción;
remolinos
chupaban al naciente
y en la
lucha librada en aquel vientre,
epitelial
aislante se templaba
encogiéndose
luego en el dolor.
No tuvo
la fortuna del abrazo,
dejaron el
regazo abandonado
hoy entierran
al niño que sufrió.
La leche
está secándose en los pechos
y las
manos que nunca lo tuvieron,
lo despiden con una bendición.
Generosa Valdez

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