El viejo destruido
se acerca con
su marcha
apretando mi mano,
me enseña aquella caja;
me cuenta que la muerte
le asaltó en la mañana,
me pide que contemple
el rostro de su amada.
Una niña se acerca…
jugueteando en la sala,
con sus ojos sonrientes
ilumina desgracias
y en la escena que llora,
con recuerdos que danzan,
un féretro se incendia
con velas incendiadas.
Después llegan los rezos,
oraciones
cantadas
el café sabe amargo,
con el dulce que amarga
se recuesta el anciano
en la reja oxidada,
se derrumba en tristezas,
se derrumba en nostalgias.
Hay dos ojos que lloran,
hay dos ojos que sangran
hay dos muertos tendidos
en la lúgubre estancia,
uno de ellos sin vida,
otro de ellos sin alma.
Generosa Valdez

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