La risa se mojó con triste llanto;
caminè aquel pasillo compungido
quebrado con afanes de la gente
mientras apresuraba el lento paso.
Allí estabas, planeando la partida
y te pude atrapar entre mis brazos,
en un dialogo eterno de mutismo
con mi aliento, acaricié tus manos.
En ese instante, un leve movimiento
te hizo sentir el ruido de mis labios,
y entre voces que nunca se despiden
en el mundo de muertos y de vivos
en silencio seguimos conversando.
Generosa Valdez

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