Hay arrugas que duermen en las calles
y que el gélido viento cristaliza,
arrugas que enflaquecen lentamente
por mendrugos de pan que regurgitan.
Arrugas asoleándose en los parques,
repasando la historia de sus vidas;
hay arrugas que esperan en pasillos
de ancianatos,
limosnas de familia.
Hay arrugas que buscan con deporte
aumentar a su
tiempo, algunos días;
arrugas que
por pena se disfrazan
y con plástico
tiemplan sus orillas.
Arrugas que
se cubren de sudores
arrancando un salario a la fatiga;
hay arrugas ocultas en la sombra,
que no quieren mirar la luz del día.
Hay arrugas muy tiernas e infantiles
que el color y pintura tonifican,
arrugas resentidas por los golpes,
arrugas que en camillas agonizan.
Hay arrugas
que nunca se envejecen,
arrugas que
con miel, caramelizan.
Hay arrugas muy sabias y honorables
son aquellas que luces madre mía.
Generosa Valdez

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