Ella extendió los brazos lentamente
enredando con sueños la bahía,
el rojo corazón crujió tan fuerte
que una gota saltó de sus mejillas.
La mar la recibió y en una ola
peregrina beso muchas orillas,
hacia el norte partió buscando nieve
y después regresó cálida y tibia.
El sol incandescente quiso verla
y en vapor la elevó, pero la brisa,
con un soplo empujándola a las nubes
de nuevo la tornó gélida y fría.
Siendo regla que aquello que levanta
debe un ciclo cumplir en su caída,
descendió aquella gota hacia sus ojos
para luego rodar por sus mejillas.
Generosa Valdez

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