Estaba en una cama
solitaria,
esperando marcharse
muda y quieta.
Le habían
extirpado
las palabras,
sus ojos sofocados
tenían lengua.
Pasaban los galenos
formulando,
intentando salvar
su boca tiesa;
pero nadie
abrazaba aquellos miedos,
que en silencio
asustaban a la
vieja.
Unas manos huesudas
suplicaban,
un poco de atención
y sin orejas,
los doctos
preocupados
con minucias,
Ignoraron que su alma
estaba enferma.
En aséptico cuarto
exterminaron,
los virus del
amor
y las
bacterias;
después sin entender
los sentimientos,
colocaron suturas
a la muerta.
Generosa Valdez

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