Amo la gente humilde,
aquella que
camina
la que suda su suerte,
cuidando las
gallinas,
la que al ritmo de un asno
vé en las
manos prístinas
lo que miran los ojos,
no mentiras de artistas.
Amo la gente humilde
que con libros se limpia
pero lee las historias
que vivencia en el día,
la que muele su lomo,
mientras otros predican
con la misma jactancia
que tenían los sofistas.
Acaso las razones
de ilusos reformistas
pretenden que no asome
la clara luz del día?
Será que reverencias
merece quien recita
o repite conceptos
que aprendió en cofradía?
Que logra ser distinto
o romper la armonía
los usos literarios
que por fin
se emancipan?
la idea que se opone
a la mente erudita?
La sapiencia heredada
de una roca
extraída?
Que logra ser distinto
o romper la armonía
será que algunas obras
permiten la osadía
de elevar a unos hombres
a retóricas cimas?
Amo la gente
humilde,
aquella que camina
que busca en el retrete
asear sus inmundicias
y arranca de un tratado
de intelectual artista
una hoja bien
impresa
y con ella se limpia.
Generosa Valdez.

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