Tengo un baúl que esconde atardeceres
por alguna razón llegó a mis manos,
lo vigilo con celo porque guarda
los tesoros perdidos del ocaso.
Cuando el sol agoniza en el poniente
y el pincel luce rojo, anaranjado,
o se cubre con visos de amarillo,
o con verdes y grises azulados,
en el mismo balcón repito el rito
corto el lienzo de cielo y lo arrebato.
Una chapa forjada en duro hierro
oculta la avaricia de aquel acto,
y la noche sonríe picaresca
pues el robo asegura su reinado.
Mañana miraré el final del día
con tus ojos profundos y calmados,
coleccionista fiel de atardeceres
recogeré crepúsculos plateados.
Tengo un baúl que esconde atardeceres
lo ha de tener tu nieta por legado,
lo guardaré hasta el último suspiro
por alguna razón llegó a mis manos.
Generosa Valdez.

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