La ambición
asomaba en sus pupilas,
tiñendo así
con gotas purpurinas,
la tierra de dolor.
Cómplice en el silencio
de mártires caídos,
aquel amigo
visitó mi tumba;
sus culpas y sus miedos
como Judas,
postreros a la traición.
Le sigo viendo
aquí en el camposanto,
a donde viene,
de cuando en vez
a recordar su historia,
en el frio sepulcral.
Aquel mísero ignora
y desconoce,
que en el calvario
disculpé su infamia;
mas visita
mi cripta
arrepentido,
suplicando perdón.
Ya sabe de la espera
de ojos yertos,
que reclaman justicia
en sus despojos;
y sabe que la tierra
adolorida,
solo obtendrá el alivio
de su herida,
con gotas purpurinas
de dolor.
Generosa Valdez

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