Todo se
derrumbaba
en la noche vacía,
el monte iba
quedando
poco a poco
sin cima;
en aquella
hecatombe
una mano ya fría,
apuntaba
hacia el cielo
y las
piedras caían.
Los gritos
sepultados
entre polvo
y ceniza,
ahogados con
la tierra
del ayer
florecida,
profanaban
silencios
en
sentida agonía,
con sonidos
de ausencia
que
espantaban la vida.
Las sombras
se elevaban
entre
escombros y ruinas,
con abrazos
sin dueño
afligidas partían,
y el espacio
desierto
encorvado se hundía,
devorando las cumbres
con paciente
mordida.
Todo se
derrumbaba
en la noche vacía,
todo se
derrumbaba
y las piedras caían.
Generosa Valdez

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