Cuando parten los sueños
hay un lugar que espera,
que se llama destino.
Un viajero nervioso,
que se come las uñas
y merienda los miedos.
Una maleta grande
cargada de recuerdos.
Hay lágrimas que extrañan
y latidos profundos
que revientan el pecho.
Cuando parten los sueños
se renuncia a la risa,
queda el nido vacío
y las plumas sin
dueño.
Una madre despide
el pichón andariego,
disfrazando tristezas
con sus manos al viento.
Generosa Valdez

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