Aunque tus ojos quietos y serenos
ya no puedan mirar
como miraban,
regálame la noche que
hay en ellos
para encender mis sombras de nostalgia.
Tan solo en la penumbra del recuerdo
se abrazan los recuerdos que se aman,
aunque el abrazo frío
de la espera
ya no pueda abrazar como abrazaba.
En esta soledad y desconcierto
de tener que querer en
la distancia,
enséñame el camino del encuentro,
aquel que me conduce a tu morada,
para mirar el mundo
de los muertos
como miran los muertos a las almas.
Generosa Valdez

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